Docencia en Bogotá y Cundinamarca

“PARA CONSTRUIR LA PAZ EN BOGOTÁ, LA CIUDAD ENTERA TIENE QUE VOLVERSE UNA ESCUELA”

Así lo cree el padre Francisco de Roux, reconocido por su aporte en temas de paz y reconciliación y uno de los invitados al Foro Educativo Distrital 2017. En esta entrevista, invita a maestros, estudiantes y ciudadanos a respetar la dignidad humana, proteger la vida y apasionarse por construir juntos las transformaciones que el país necesita.

Bogotá avanza en su propósito de convertirse en una ciudad para el reencuentro, la reconciliación y la paz, donde la escuela es el escenario por excelencia llamado a formar ciudadanos respetuosos de la vida, la verdad y la justicia. Niñas, niños y jóvenes capaces de relacionarse de manera armónica con otros y de resolver pacíficamente los conflictos.

Por eso, ese fue el tema central del Foro Educativo Distrital 2017, la cita más importante de la educación en Bogotá que se desarrolló durante los pasados 4 y 5 de octubre con los aportes de reconocidos panelistas, reunidos para dialogar e inspirar a las comunidades educativas a trabajar en la construcción de una ciudad educadora y en paz.

El padre jesuita Francisco de Roux, un líder consagrado por la paz en Colombia, fue uno de los invitados especiales a este encuentro, en el que habló acerca del respeto de la dignidad humana como eje central para la consecución de una sociedad más pacífica, tema en el que profundiza en esta conversación.

Secretaría de Educación del Distrito: ¿Cuál es la transformación que necesitamos en Colombia para alcanzar la paz?

Francisco de Roux: Quiero empezar por algo que me parece que es muy importante pedagógicamente: lo que más me impresionó del proceso de La Habana fue la forma en que la presencia de las víctimas cambió completamente la perspectiva. Esto les hizo ver a las partes que, si bien había problemas estructurales muy grandes como la injusticia y la corrupción, el obstáculo más grande para la paz éramos nosotros mismos, la forma cómo destruimos la vida de unos y otros y cómo exacerbamos las rivalidades y los odios.

Las víctimas nos hicieron comprender algo definitivo: cualquier cosa que se haga para la paz, tiene que tener como centro la dignidad humana, pasar por la aceptación del otro y por la construcción de un colectivo en medio de la diferencia, sabiendo que pensamos distinto. Esto nos tiene que hacer pensar muchísimo en la transformación que necesitamos y eso empieza por entender que necesitamos una ética pública y ciudadana.

¿Cómo entender esa ética ciudadana?

La pongo en contraste con la ética religiosa, que está fundamentada en que Dios está en todas partes y nos está viendo siempre, por lo que debemos portarnos bien. Esto ya no funciona para todo el mundo, porque la sociedad colombiana se secularizó.

Eso nos hace preguntarnos ¿cómo tener una ética que valga para todos? En este caso, los valores que vamos a poner en práctica desde la dignidad humana. La paz es la posibilidad de vivir protegiendo la sacralidad de la vida y tiene que ser consistente con la dignidad de todos; sobre eso hay que trazar la educación que se ofrece en los colegios.

Un niño en Bogotá tiene que formarse con la convicción de que no es normal que existan barrios miserables. Tiene que formarse con la idea de que permitir que haya masacres en Colombia y que la sociedad no reaccione también es contrario a la dignidad humana. La dignidad no es un valor, es el eje ético, como cuando decimos ‘Dios’.

¿Cómo pueden los maestros aportar a la construcción de esta ética ciudadana y a la construcción de paz?

Viviendo la paz como un valor ético, con convicción. No se puede enseñar o construir de otra manera. Una buena maestra y un buen maestro que lo vive para sí mismo y apasiona a sus estudiantes, construye la paz en su clase de matemáticas, geografía o biología. Y esto también es necesario para transformar los conflictos de la escuela. En la medida en que los profesores en su día a día tienen el diálogo, el respeto y la tolerancia en sus relaciones dentro de los colegios, los alumnos ven que ellos son capaces de resolver los problemas cotidianos.

Usted fundó y dirigió el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, ¿qué puede aprender Bogotá de su trabajo en esta región para construir la paz?

Estuve 14 años en el Magdalena Medio haciendo una obra pedagógica, en la que la escuela tenía 29 municipios. Mis maestros eran los habitantes de ese territorio, mis alumnos eran los guerrilleros, paramilitares y militares y, claro, muy pegado de la juventud.

La idea con la que trabajamos siempre con los niños y los jóvenes fue apasionarlos por esa región, hasta crear con ellos un imaginario colectivo del presente y del futuro para que tomaran ese territorio en sus manos y construyeran una agenda propia, en medio de momentos muy difíciles del conflicto armado. La enseñanza es clara: la ciudad entera tiene que volverse una escuela, en la que apasionamos a los niños, desde muy pequeños, a trabajar por la paz.

En ese sentido, ¿qué mensaje le envía a niños y jóvenes de nuestros colegios para que sean constructores de paz?

Quiero decirles que tomen en sus manos la construcción de paz en la ciudad y en Colombia. Que no les dejen esa tarea a los adultos, a los políticos, a los empresarios, ni al gobierno.

Para eso es necesario que se apasionen por el país que tenemos que construir juntos; por una ciudad donde la dignidad humana sea respetada; por lo sagrado de la vida, para que nadie sea asesinado por ningún motivo, ni por las luchas sociales ni por los debates políticos, ni por las diferencias; por la justicia y por la verdad.

De los jóvenes depende esta ciudad y depende la paz que los viejos no fuimos capaces de construir. Por eso les digo que tomen este esfuerzo que ha hecho el país y lo consoliden, lo lleven adelante. Y, sobre todo, que quieran esta ciudad, la recorran, conozcan el dolor y lo asuman como propio.

Los jóvenes deben ser los que se proponen construir la paz a partir de la capacidad de confiar unos en otros, de abrazarnos, de promover la amistad y de alcanzar el sueño que todos queremos para el país. Eso es lo que quisiera invitarlos a hacer y eso lo que siento que hubo en el corazón del Foro Educativo Distrital que se realizó en Bogotá.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.