Editorial del director

CARLOS ARTURO RICO GODOY

Gerente general Cootradecun


EL ESCÁNDALO DE LAS LIBRANZAS

 

Hace  dos meses aproximadamente, la superintendencia de sociedades decidió liquidar a la sociedad estraval-estrategia de valores- después de cumplir un año de su intervención. Esta compañía se dedicaba a la administración de libranzas. Este reciente escándalo financiero, se eleva a la escandalosa suma de los 500.000 millones de pesos. Parece repetirse la historia de DMG e interbolsa.

El tema de las libranzas consiste en que, un trabajador o pensionado solicita un crédito ante sociedades comerciales, cooperativas o bancos y contra ese crédito ofrece como medio de pago su  salario o mesada pensional, con lo que garantiza que el pago se cumpla en un plazo determinado. Una vez el crédito de libranza es otorgado, se expide un pagaré que se convierte en un título valor negociable y basta con endosarlo para transferirlo.

Según la revista dinero, se estiman que casi dos terceras partes de los deudores a través de créditos por libranza, pertenecen al sector público –pensionados, militares, personas vinculadas al magisterio y a la rama de justicia– y una tercera parte es de empleados del sector privado.

Así las cosas, el riesgo crediticio para la entidad prestamista es mínimo, pues solo se presentaría en el evento de que la persona beneficiaria quede cesante por largo tiempo. En el caso de los pensionados, la eventualidad del fallecimiento (nada improbable) está cubierta automáticamente por un seguro contratado desde el comienzo.

Aunque los riesgos son bajos, pues se cobra directamente en la fuente, el modelo no es infalible y factores como el fallecimiento del deudor, que se quede sin empleo o que la empresa se liquide, que sea embargado su sueldo por factores que tienen prelación –como demandas por alimentos– y uno de los más complejos, el prepago de las deudas, producen cortocircuitos en el proceso de los pagos.

Según la revista dinero, el negocio de libranzas en Colombia se caracteriza por estar bajo dos modelos: el bancario y el extrabancario. En el primero, la cartera de libranzas bajo la supervisión de la Superintendencia Financiera asciende a unos $37 billones en más de 60 entidades originadoras. De ellos, $35 billones son originados directamente por establecimientos de crédito –bancos y compañías de financiamiento–, $1,4 billones corresponden a compras de cartera de estos establecimientos a otras entidades; y los cerca de $600.000 millones restantes están representados en compras de cartera de Fondos de Inversión Colectivas (FIC) administrados por sociedades fiduciarias, sociedades comisionistas de Bolsa o Sociedades Administradoras de Inversión.

El otro mercado es el extrabancario, que de acuerdo con la Ley 1527 de 2012,  permite a entidades comerciales no vigiladas por la Superfinanciera ser originadoras de libranzas. En este grupo hay sociedades comerciales, como Estraval, y cooperativas, estas últimas bajo la vigilancia de la Superintendencia de Economía Solidaria. Los cálculos establecen que la cartera en este subsector asciende a unos $10 billones.

¿Cómo funcionaba Estraval que hoy en día está en el ojo del huracán? ¿Qué prometía? Se puede explicar con un ejemplo: si un banco o una cooperativa reconocida promete un rendimiento de 6% o 7% efectivo anual en un producto financiero, como es el caso de un CDT, en este tipo de firmas la mayoría promete rendimientos de 18% a 25%, dependiendo del tiempo que deje su dinero en manos de ellos.

El resultado parece obvio. Un CDT de $100 millones deja en rentabilidad $6 millones o $7 millones en la mayoría de los casos, mientras que un pagaré puede dejar $18 millones o $20 millones –es decir, casi tres veces–. La diferencia hace el negocio.

También existen, otros procedimientos que están siendo investigados por las autoridades y que en el mercado se conocen como gemeleo: tomar un pagaré y venderlo dos veces. Si comprueban que esta situación venía ocurriendo, la fiscalía debe tomar cartas en el asunto.

El tema esta candente, tanto es así, que ya el presidente de confecoop-agremiación de primer grado que aglutina a la gran mayoría de las cooperativas de Colombia- Carlos Acero, pidió investigación para las supuestas cooperativas de papel que estarían involucradas en la crisis de algunas firmas en el mercado de libranzas.

Este hecho, sin embargo, no puede enlodar a las más de 6.000 cooperativas, que durante años han trabajado y han crecido social y financieramente haciendo las cosas bien. Es decir, la superintendencia de sociedades no puede estigmatizar al sector cooperativo y echarle el agua sucia como culpable de la actual crisis. La culpa la tiene, sin lugar a dudas, los órganos de control cooperativo, pues deben ejercer un control más riguroso sobre las cooperativas y fundaciones de papel, creadas para este tipo de negocios y también para evadir el pago de impuestos.

El sector cooperativo debe declararse en estado de alerta. Además de la expectativa en el proyecto de reforma tributaria, de someterlo al pago de más impuestos- igualándolo con el sector financiero- ahora le quieren inculpar un delito que las cooperativas de bien no han cometido. Que busquen los culpables donde los deben buscar, y que persigan a quienes deben perseguir, siempre la pita se rompe por el lado más frágil, que no nos cojan como chivos expiatorios, estamos notificados.

 

 

CARLOS ARTURO RICO GODOY

GERENTE GENERAL.