¿Es posible un nuevo modelo económico en Colombia?

Representantes indígenas, comunales, feministas, del sector solidario y campesinos plantean alternativas distintas al capitalismo y exponen sus experiencias.

La mayoría de nuestras necesidades se satisfacen con la tierra. No buscamos el desarrollo, sino el buen vivir”, afirma Ati Quigua, dirigente indígena de la Sierra Nevada, cuando hace énfasis en las formas de organización socioeconómicas de su pueblo. Quigua es una de los invitados al panel sobre la resignificación de la economía social y solidaria, primera actividad del Seminario Nacional de Economías para la Paz, organizado por la Universidad Cooperativa de Colombia, la Corporación de Acción Social y Económica (Ciase) y Oxfam.

A su lado están Alejandro Jiménez, presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC); Ceferino Mosquera, presidente de la Confederación de juntas comunales; Járrison Martínez, coordinador de la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria; Dora Vivanco, coordinadora de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas, y Diana García, investigadora feminista de la corporación CIACI. Cada uno, desde la diferencia, está convencido del agotamiento del capitalismo y de la necesidad de implementar nuevas formas, más sostenibles y más equitativas, de relacionarse con los demás y con el entorno, sobre todo en la transición hacia un país en paz.

Ceferino Mosquera, por ejemplo, afirma que pese a la falta de apoyo institucional, la organización a la que representa, que tiene más de diez millones de afiliados en todo el país y cerca de 500.000 juntas comunales inscritas, ha venido realizando negocios y emprendimientos locales basados en la solidaridad y en el respeto del bien común, y no en las lógicas del mercado.

La experiencia de los pequeños agricultores es similar. “El primer acto solidario, propio de las economías campesinas, es el uso adecuado y racional de los recursos naturales. Hemos desarrollado prácticas de convivencia recíproca entre la tierra y quien la trabaja y, además, nos hemos organizado en comunidades solidarias para acceder de forma más económica a las semillas y a los insumos”, sostiene Alejandro Jiménez.

Por su parte, Járrison Martínez reconoce que a pesar de la creencia de que el ser humano es individualista y egoísta por naturaleza, distintas investigaciones científicas han demostrado que la solidaridad y la cooperación son las características que han hecho posible el desarrollo de la humanidad. “En Colombia hay más de seis millones de personas asociadas a cooperativas, mutuales y fondos de empleados y esto ha permitido reducir los altos índices de desigualdad y concentración de la riqueza. No hay acto de paz más significativo que un acto de solidaridad”.

El evento también fue el escenario para que Carlos Antonio Lozada, miembro del secretariado de las Farc, anunciara la propuesta de reincorporación colectiva definida en los acuerdos de paz. “La espina dorsal de nuestro regreso a la vida civil será Ecomún, una gran cooperativa a nivel nacional que nacerá con 10.000 de nuestros excombatientes y exmilicianos, pero que estará abierta a la participación de todos los colombianos que lo deseen.

La idea es participar de todos los niveles de la economía, desde la agricultura, la piscicultura y la minería artesanal hasta los procesos industriales y el sector de bienes y servicios”. Lozada también anunció la creación de Bancomún, un banco para los pobres que, según él, “será una alternativa frente al sistema financiero”.

 


Fuente: www.elespectador.com

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