LA CORRUPCIÓN EN COLOMBIA, MAL DE NUNCA ACABAR.

El tema de la corrupción en Colombia, es un hecho que ha tenido manifestaciones a través de la historia. Actos que evidencian  el concepto de corrupción, como la compra de funcionarios para favorecer determinados fines, la apropiación de bienes y fondos públicos, y la designación de empleos o el otorgamiento de contratos a parientes de manera directa o por interpuesta persona, son una muestra que este hecho es un mal de nunca acabar en nuestro pais. Luis Villar Borda, en su libro, Corrupción, una constante histórica, nos plantea que” La corrupción, se ha venido presentado desde comienzos del siglo XX, como por ejemplo el soborno de funcionarios colombianos para colaborar con la separación de Panamá del territorio nacional en 1903; lo que representó para el país la pérdida de un espacio de gran importancia geopolítica y el detrimento de la hegemonía en la región. Ya durante la primera mitad de dicho siglo se observaron sucesos como la asignación de terrenos petroleros bajo el mandato de Rafael Reyes a su ahijado Roberto Mares, lo que se percibe como indicios de favoritismos, preferencias y abusos de poder.

Los desfalcos, y tráficos de influencias hicieron noticia y fueron motivo de sonados debates en el Congreso durante la primera mitad del siglo, pero puede decirse que eran más bien excepciones, y los empleados públicos en general se consideraban honorables, mal remunerados y salían pobres de sus cargos.

La corrupción fue encubierta a partir de entonces, es decir, en la segunda mitad del siglo, por los gobiernos autoritarios y dictatoriales, que no permiten ningún control y el sistema de reparto burocrático del Frente Nacional, que garantizó la complicidad de los partidos en el poder y limitó la oposición a espacios marginales. La tarea de denuncia y función crítica se desplazó por ello a la prensa, cuyas limitaciones son también conocidas”.

Analistas económicos estiman que cada año, el país pierde 50 billones de pesos por la por la corrupción, lo que serviría para construir más de un millón de casas de interés social. No es gratuito que ocupemos el puesto 90 entre 176 naciones evaluadas por Transparencia Internacional. Ni tampoco que en los últimos siete años, más de 19.000 personas hayan sido sancionadas por actos de corrupción.

De acuerdo a los datos que se manejan en la contraloría, entre 2008 y 2015 se resolvieron 783 procesos con responsabilidad fiscal por $2,7 billones. Aunque el número y el monto de las sanciones puede ser tenido en cuenta positivamente, el cumplimiento de estos castigos es deficiente: solo el 31% de las multas fueron canceladas. Es decir, de esos dos billones de pesos, solo se han recibido $43 mil millones.

De acuerdo a un informe publicado por la Sociedad Colombiana de Economistas (SCE) en el 2011, la corrupción le ha costado al país, desde 1991 hasta el 2010, alrededor de 189 billones de pesos, lo que equivale al 4% del PIB del país durante esos 19 años.

 

En los 17 años que llevamos de este siglo, podemos mencionar muchos casos de corrupción. En el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, son más de 20 casos de alto calado, a esto debemos sumarle los casos que aun duermen en los archivos de la fiscalía, contraloría y procuraduría. Ni que decir del Gobierno de Santos, untado hasta al cuello con el caso Odebrecht, o lo que estamos conociendo de la contratación en la alcaldía de Bogotá. Lo más grave es que los medio de comunicación y la ciudadanía en general, no hacemos nada para hacerle seguimiento a estos hechos, nos rasgamos las vestiduras cuando se destapan pero al poco tiempo como dice la canción es noticia olvidada. Ojalá tomemos conciencia y no respaldemos a quienes estén untados de este flagelo, ya se avecina el proceso electoral y no podemos repetir la historia, desde ya debemos repetir ¡fuera corruptos del Gobierno! Fuera! Fuera! Fuera!

Carlos Arturo Rico Godoy.

 

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