NOS ALCANZAMOS A ILUSIONAR.

El acuerdo de paz firmado entre el gobierno y el grupo insurgente de las Farc, pretendía en el segundo punto, la participación política como apertura para construir la paz. En este punto, mediante una reforma política, la idea era que diéramos el paso a una verdadera democracia mediante el fortalecimiento de las organizaciones y movimientos sociales, el robustecimiento de la participación ciudadana, el pluralismo facilitando la constitución de nuevo partidos, las garantías de participación política, la revisión integral del régimen electoral y la financiación de los partidos y movimientos políticos, entre otros.

Nos alcanzamos a ilusionar, cuando el gobierno en el cumplimiento de la pactado radicó ante el congreso, la propuesta de reforma política. Pero una cosa quedó en el papel y otra lo que se transformó en el Congreso. El proyecto poco o nada tuvo que ver con lo planeado: cambiar las reglas de juego para garantizar el pluralismo y la competencia, y corregir fallas en la estructura del sistema electoral. Un nuevo tribunal electoral en reemplazo del Consejo Nacional Electoral, que mantuviera su independencia de la clase política, fue una idea que no prosperó. La máxima autoridad electoral seguirá siendo manejada por los partidos políticos mayoritarios.

En las próximas elecciones de marzo de 2018, volveremos a ver las mismas actuaciones de siempre que favorecen las estructuras clientelistas y la lluvia de dinero en las campañas políticas, se mantienen. En buena parte, la proximidad de las elecciones de 2018 se convirtió en el principal escollo de la reforma. Tanto que durante su trámite fueron incluidos algunos temas, que nada tenían que ver con los acuerdos de paz, pero que tenían mucho interés en los políticos para afrontar las elecciones del próximo año.

Los llamados partidos pequeños, deben estar preocupados, ante la amenaza de no superar el umbral de votación en las próximas elecciones. Los partidos mayoritarios deben estar sonrientes, pues queda nuevamente diseñado un proceso electoral a su medida, para utilizar el clientelismo, para mediante el engaño y la mentira obtener su caudal electoral y como si esto no bastara, tendrán en el consejo nacional electoral a su mejor aliado, pues allí tienen sus fichas políticas, quienes al final del proceso son los que eligen.

La reforma política que viene siendo reclamada por décadas, por enésima vez no la veremos. Las elecciones del próximo año serán bajo las mismas reglas oscuras. Nos alcanzamos a ilusionar en ver una democracia limpia, sin mañas, que de la oportunidad a los colombianos mas pobres de tener verdaderos voceros que defiendan la salud, la educación, el trabajo, los derechos de los niños, de la mujer, de la población vulnerable.

Carlos Arturo Rico Godoy.

 

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