La cultura como símbolo de protesta
23 de agosto de 2021

Afectividad con distanciamiento: una apuesta en el retorno

       “Cuando eres un educador siempre estás en el lugar apropiado a su debido tiempo. No hay horas malas para aprender” Betty B. Anderson

Martha Nydia Escobar Anzola

Coordinadora Comité de Bienestar Social y Salud

Coordinadora I.E.D Ciudadela Sucre Soacha

Después de haber permanecido tanto tiempo lejos de las instituciones educativas por la pandemia, parece ser que en toda la comunidad se generan ciertas emociones que son difíciles de describir, no es fácil retomar nuestras actividades cotidianas de una manera normal, ya que esta situación es única.

En nuestro pensamiento surgen preguntas como: ¿Me podré adaptar al contexto en el aula de una manera rápida?, ¿Cómo será ahora el aula de clase? ¿Y si hay contagios en el aula qué?, ¿Cuál es el protocolo de acción ante la presencia de un contagio en el aula?, en fin, cada vez son más y más los interrogantes que flotan en nuestra cabeza, es por eso que hay una mezcla de temor y alegría que convergen en un mismo pensamiento.

Asimismo, la escuela se llenará nuevamente de las voces inocentes de nuestros estudiantes y el calor afectuoso de nuestros compañeros; los padres se agolparon en las rejas y sus ojos dejarán escapar cristales de preocupación como en aquella primera vez en el jardín infantil, cuando dejaron sus tesoros más preciados.

Las voces apenas audibles del primer día se elevarán para poder cubrir el distanciamiento impuesto por la pandemia y brotará a través del escondite que resguarda nuestra boca y nariz. ¡Oh, Dios!, como resistiremos el deseo de abrazarlos y sentir el calor de sus brazos amorosos, calor que disipará el frío impuesto por la ausencia prolongada; ¡qué difícil es querer a distancia, que difícil es verlos y no poderles decir con el toque suave de nuestras manos que todo va a estar bien, que aquí estamos como siempre dispuestos a la siembra mutua de saberes y la creación de nuevo conocimiento fundamentado en las experiencias vivenciales recíprocas!

El regreso a la escuela produce un sin número de preocupaciones, sin sabores, angustia, desesperanzas, pero a la vez, produce una alegría en cada uno de los seres que forman parte de la comunidad educativa, los cuales  han añorado a voz silenciosa este encuentro, lleno de fantasías, emociones, preocupaciones, miedos, inseguridades; ya que solo la escuela será el espacio adecuado para realizar y proyectar, de la mano de los amigos, compañeros, padres de familia y  docentes las tareas que quedaron  congeladas en el tiempo; entonces, vale la pena soñar, a pesar de las dificultades y obstáculos que se avecinan.

Los maestros serán testigos y cuidadores de estas personitas que quieren libertad para contar sus historias y sus vivencias y serán estos, los que orientarán y transformarán estos sueños blindados de afecto, amor y resiliencia. La pandemia del desamor y el dolor debe disminuir en los corazones de los niños, pues volverán a encontrarse en una escuela esperanzadora, afectiva y humanística que les permitirá continuar creciendo y fortaleciéndose en sus dimensiones socioemocional y cognitiva.

En el aula de clase, la multiplicidad y creciente velocidad en el cambio del mundo que conocíamos y la ramificada complejidad actual que ha instaurado un nuevo manual de comportamiento, nos avoca las pautas de un renovado ámbito escolar. Nuestra preocupación ya no será por las pequeñas rencillas entre compañeros, la máxima angustia será por el asomo de una pequeña nariz o una sonriente boca, la constante frase “quién me presta un…?” no estará permitida y la solidaridad durante la toma del refrigerio no va más; nos atañe entonces, desplegar un abanico de posibilidades afectivas a través de un arco iris de miradas y palabras con exceso de dulzura para recibir a nuestros  pequeños  y converger con entereza y  creatividad en una nueva arquitectura de emociones con distanciamiento.

Sin duda alguna, la transformación y construcción de un nuevo Manual de comportamiento se debe iniciar atendiendo los procesos convivenciales, académicos y socioemocionales en la escuela, basados en la afectividad, el amor, las buenas relaciones sociales y la solidaridad, las cuales serán los ejes fundamentales para construir y fortalecer las prácticas con distanciamiento, pero con responsabilidad social.

La escuela será fuente transformadora de valores y relaciones personales  que permitan propiciar la empatía, las buenas relaciones personales y afectivas que favorezcan el bienestar y el fortalecimiento de los hábitos y costumbres que la pandemia ha modificado en las familias y entorno social.

Por lo anterior, el propósito de la escuela debe ser dirigido a fortalecer el proyecto de vida de los niños, encaminados a desarrollar los conocimientos, los sueños, los talentos y las emociones que han sido truncados por la pandemia y que, al cumplir los protocolos de distanciamiento, prevalezcan los sentimientos de afecto y de autoestima para el crecimiento personal y social. El regreso a las aulas debe ser agradable, novedoso, lleno de expectativas e ilusiones, no permitamos que la pandemia de la indiferencia, intolerancia, la desigualdad social y económica trunque los sueños de estas personitas; ellas son ajenas a la realidad del olvido de los gobernantes “recordar que un niño alegre y feliz es la mejor medicina para un adulto en crisis”.

Finalmente, debemos replantear y rediseñar las metas, las acciones, las tareas y los propósitos, que nos conduzcan a convivir con ciertas pautas que las entidades de salud y educación actuales nos están imponiendo; es una realidad que se debe afrontar con los actores de la escuela, que solo quieren retomar el camino de la esperanza para avanzar en aprender lo que se dejó de aprender y emprender las tareas de lo que se dejó de hacer.

Será la práctica pedagógica, la magia de ternura, el afecto y el amor que hará plasmar y evolucionar los aprendizajes, sentir las emociones y las alegrías de los niños que regresen, con miradas inocentes, con sonrisas que se pierden detrás de su nuevo y permanente elemento de protección: el tapabocas. Por lo tanto, los cimientos de nuestra vocación se deben mantener firmes, la realidad se irá reorganizando y el docente asumirá el reto de vivir la afectividad a distancia para reagruparnos con otros diseños, quizás aún incomprensibles, pero materializados en la formación para el autocuidado.

Por lo anterior, el regreso a la escuela deberá estar cargado con una alta dosis de afectividad que contrarreste el distanciamiento para fortalecer la esencia humana desde el autocuidado y cuidado de los semejantes. “Yo me cuido, tú te cuidas, todos nos cuidamos”.

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