Desafíos de la docencia en tiempos de confinamiento

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Desafíos de la docencia en tiempos de confinamiento

Edwin Perilla Rueda.
Docente Orientador
IED Salesiano Miguel Unia
Agua de Dios-Cundinamarca

“La educación tiene que ayudarnos a conocernos y comprendernos a nosotros mismos y a los otros”.
Julián de Zubiría.

Las aulas, las pizarras y los pupitres se pusieron a merced del polvo, el timbre dejó de sonar, mientras los pasillos se transformaron en escenarios vacíos y solitarios. Ya no fueron lo mismo, sin los murmullos, la bulla y uno que otro alarido de un docente desesperado, acudimos a un nuevo escenario; al escenario de la distancia, de lo remoto, lo virtual. Un contexto para muchos desconocido.

Entre uno que otro docente aventajado que conocía los beneficios de la tecnología de la información, muchos vivieron una migración digital y asumieron una adaptación postergada ya sea por testarudez o por simple desconocimiento, los tiempos de una era digital eran irreemplazables y bajo la eminente amenaza de una pandemia se despertó en un nuevo ámbito “la educación remota”

Llegaron las pantallas, las largas horas frente al computador, en sesiones casi espirituales de saber si “hay alguien allí”, “me escuchan” “manifiéstense”. Los elementos que anteriormente fueron saboteadores y que con frecuencia reposaban en las gavetas de las oficinas de coordinación de convivencia y rectoría se convirtieron en indiscutibles aliados de un sistema de enseñanza que llegó para quedarse. Ahora era indispensable un celular, un plan de datos y la capacidad de almacenamiento develaron la indescifrable brecha entre los que tienen y no.

Los docentes entramos a los hogares, a las relaciones familiares, a la dinámica de estilos de vida que habían sido un punto ciego de las realidades curriculares, estándares y competencias académicas. Era el momento de educar desde el hogar y de confrontar realidades tan disímiles que mes tras mes esperaba la esperanza de pronto volvernos a ver. Mientras las aplicaciones virtuales comenzaron a ser los iconos de una nueva educación, ya no había carteleras, los marcadores y la constante falta de tinta, el hacinamiento de pupitres en un espacio reducido, los mapas desactualizados y la ausencia de ventiladores dejaron por este lapso de tiempo de ser problemas centrales y cobró protagonismo en los hogares de difícil acceso, la falta de cobertura de redes, de conectividad y de dispositivos de conexión. Se evidenció la gran diferencia entre el pueblo y la ciudad, de las zonas rurales de las urbanas. De un desarrollo que nunca fue equitativo para todos.

A portas de un próximo inicio escolar en su mayoría en las mismas condiciones y un incierto panorama de una posible “normalidad” llega un nuevo tiempo de planeación, esta vez con no tanta sorpresa, y con un compás de espera para tomar decisiones acertadas. Se reconocen los desafíos que nos esperan, con la amplia experiencia que nos dejó no un tan bien recordado 2020

Hoy más que nunca los docentes se destacan como los héroes, se reconoce al aula más allá de un simple escenario institucional de normas y deberes; de roles y funciones, de uniformidad. Hoy sabemos que la interacción siempre fue un elemento fundamental del aprendizaje. Los procesos de evaluación dejaron de estar centrados en información acumulada para destacar desde las realidades individuales en deseo de estar a la vanguardia de no dejarse rezagar por la inequidad social y las realidades de hogares en las que se convive día a día con el maltrato, el abandono y el abuso. Entendimos que los estudiantes son más que una cifra en la matrícula, que un promedio en la calificación; son sujetos con realidades tan diversas que ni el más flexible de los currículos podría abarcar.

Encontramos en la tecnología elementos pedagógicos efectivos, pero poco funcionales sin el apoyo y la participación de actores esenciales como la familia; las redes sociales como aliados de la comunicación escolar dejaron de ser una amenaza para la atención, se entendió porque permitía la abstracción frecuente de unos, pero permitió la participación de muchos. Las guías pensadas en lo esencial se reformularon. Nunca será lo mismo, definitivamente se necesita la presencialidad, el vernos y el sentirnos cerca.

Somos una ventana, una ventana desde la cual el estudiante puede mostrar su realidad familiar con muchos factores de protección, pero también donde nos muestra su debilidad y su alta vulnerabilidad, es allí donde cambiar la mirada de los resultados a los procesos nos permitirá aportar y ser protagonistas de esta educación en tiempos de la distancia.

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