Docencia en Colombia

La educación está reduciendo la violencia y la desigualdad en Cali

El programa “Mi comunidad es escuela” trabaja con 45 colegios públicos, ha formado a más de 4.500 maestros y ha logrado que 80.000 estudiantes participen en semilleros de deporte, arte, cultura ciudadana y tecnología.

Todos los miércoles en las tardes desde hace un año, Danelis Paz Vivas y Laura Vanessa Tejada se quedan en el colegio público La Anunciación, de Cali, para trabajar en un proyecto llamado Superficies táctiles sensibles con Arduinos. Tienen 13 años, están en séptimo grado y son las representantes de uno de los semilleros de tecnología y electrónica del programa “Mi comunidad es escuela”, de la Alcaldía de la ciudad.

Antes de que esta iniciativa se pusiera en práctica, Danelis, Laura y el resto de sus compañeros de estudio salían de clase y pasaban las tardes enteras en la calle, en una de las comunas más pobres y violentas de Cali, rodeados de pandillas y microtráfico. Ahora están contando su experiencia en uno de los salones de exposición del II Foro “Cali: ciudad de aprendizaje”, que se celebró el 19 y el 20 de junio en el hotel Intercontinental de la capital vallecaucana. En el evento, además de rectores, docentes y estudiantes de la región, participaron expertos en educación de Argentina, Cuba, Finlandia y España.

Quedarse un par de horas más en el colegio, haciendo lo que les gusta, con el acompañamiento de profesores especializados y con objetivos concretos, no solo ha reducido la deserción escolar en La Anunciación, sino que ha despertado la curiosidad y los sueños de sus estudiantes. “Me gusta aprender. He descubierto que soy buena en lo que hago. Estoy segura de que esto me va a servir para el futuro. Quisiera estudiar una carrera como ingeniería electrónica o de sistemas”, dice Laura. Daniel Balanta, su profesor de Ciencias naturales y quien la ha acompañado en este proceso, reafirma que la experiencia ha sido muy gratificante: “Los estudiantes están descubriendo que la tecnología cambia el mundo, que ahí están las profesiones del mañana. Ahora tienen un propósito de vida”.

Sus palabras no son una excepción y eso es lo interesante. En cada salón del foro hay estudiantes y profesores que confirman el éxito del programa. “Mi comunidad es escuela” tiene vinculadas de manera directa a 45 instituciones educativas públicas de las zonas más vulnerables de Cali y ha logrado que 80.000 estudiantes de preescolar a bachillerato participen en semilleros de deporte, arte, cultura ciudadana y tecnología.

Mónica López Castro, coordinadora de calidad del programa, afirma que para motivar a los estudiantes se han formado 4.500 maestros y se ha acompañado a los rectores de las instituciones con el fin de que mejoren sus prácticas pedagógicas. Una de las estrategias principales del proyecto ha sido trabajar con las familias y convencerlas de que su papel en la formación de los niños y niñas es determinante. En dos años de aplicación, “Mi comunidad es escuela” ha conseguido que más de 20.000 padres de familia retornen a las actividades del colegio y acompañen de cerca los procesos de los estudiantes.

“En Cali las tasas de deserción son muy altas, sobre todo en secundaria. Los estudiantes llegan a séptimo o a noveno y abandonan la escuela. Afuera los está esperando la delincuencia”, dice López. Y agrega: “Por eso nuestro objetivo es que los niños se queden en el colegio. Queremos que lo que hagan en clase sea significativo y que podamos fortalecer sus proyectos de vida, como está pasando con Danelis y con Laura”. En este tiempo el programa ha logrado reducir en un punto porcentual las deserciones escolares.

El acompañamiento situado y diferencial con las instituciones educativas y personalizado con cada estudiante ha sido clave en el proceso. “Si vamos a mejorar la calidad de la educación tenemos que ir a la escuela, trabajar con la comunidad educativa, escuchar y acompañar a los rectores, a los profesores y a los estudiantes; ellos mismos son los que saben cuáles son sus problemas y qué hacer para resolverlos. No podemos llegar a imponerles nada. Por eso hay 45 programas distintos de ‘Mi comunidad es escuela’, uno por cada colegio”, añade López.

Además de mejorar la calidad educativa, el programa ha decidido invertir y fortalecer la infraestructura de los colegios. La secretaria de Educación de la ciudad, Luz Elena Azcárate, revela que se han arreglado 140 sedes educativas, se han entregado 18 colegios nuevos, hay 342 sedes educativas con nube privada y conexión a internet, y siete nuevos Centros de Desarrollo Infantil.

“El programa recupera la visión de que solo juntos podemos poner la educación como eje fundamental del gobierno y así mejorar las condiciones sociales de la ciudad. Es la primera vez que en Cali y en Colombia se han articulado seis secretarías de la Alcaldía alrededor de la educación: Secretaría de Cultura, de Deporte, de Paz y Cultura Ciudadana, de Bienestar Social, Departamento Administrativo de Tecnología y Comunicación, y Secretaría de Educación”.

Con este trabajo conjunto se han llevado formadores deportivos, promotores de cultura y científicos a las escuelas vinculadas. Aunque todavía es muy pronto para evaluar los resultados del programa, el alcalde de la Cali, Maurice Armitage, asegura que “Mi comunidad es escuela” ha empezado a mejorar los índices de seguridad en la ciudad y es el primer paso para reducir la desigualdad.

“Estamos evitando, dice Armitage, que más jóvenes entren a grupos armados o caigan en el microtráfico, hemos seducido a los integrantes de las pandillas para que vuelvan al colegio y cada vez nos convencemos más de que la educación de calidad es la única forma de generar movilidad social y reducir la inequidad.

Según Armitage, nunca antes en Cali se había invertido tanto en educación. “Nosotros no hacemos tantos puentes ni arreglamos vías. Los recursos los destinamos a la educación. Conseguimos $500.000 millones para poner en marcha el programa. Con eso, además de mejorar la calidad y la infraestructura, hemos logrado que no haya ningún colegio público en la ciudad que no tenga alimentación de buena calidad para sus estudiantes”.

Estos esfuerzos han hecho que Cali sea reconocida internacionalmente por la Unesco, el Banco Mundial y la Fundación Rockefeller como una ciudad que usa la educación para cerrar brechas sociales y reducir la violencia.

Fuente: El Espectador