Docencia internacional

PUEDE LLEGAR A COSTAR CASI UN SALARIO MÍNIMO

La absurda travesía para validar títulos del exterior

Un grupo de colombianos egresados de distintas universidades del extranjero, que no han logrado convalidar sus títulos, denuncian trámites excesivos, demorados y costosos. El Mineducación responde.

El 14 de diciembre de 2017, Santiago Vargas empezó el proceso para convalidar en Colombia el título de magíster en derecho internacional que había obtenido meses antes en la Universidad de Leiden, Holanda.Ingresó sus datos personales a la plataforma virtual diseñada por el Ministerio de Educación para ese propósito y anexó los documentos que le solicitaban, incluyendo una copia del diploma original, las traducciones oficiales, los contenidos de las materias cursadas y una cantidad de papeles adicionales que certificaban que había terminado con éxito sus estudios.

Su propósito, como el de cualquier estudiante que regresa al país después de hacer un posgrado, era tener en sus manos, lo más pronto posible, un papel que demostrara que sus estudios en el extranjero eran válidos en nuestro país.

Sin embargo, hasta el día de hoy, casi nueve meses después, la convalidación de su título aún no ha sido expedida y Santiago está cansado de pelear contra la burocracia y la ineficiencia de un proceso que, a su juicio, no solo es anticuado y engorroso, sino absurdo. Esta es su historia: el 30 de enero de 2018, un mes y medio después de subir los documentos, el Ministerio respondió a la solicitud diciendo que no satisfacía los requisitos porque, según la entidad, el diploma no demostraba que se había graduado de magíster, sino que había sido admitido en el programa. La confusión del funcionario del Ministerio debió surgir porque en inglés el diploma decía: Was admitted to the degree of Master of Laws cum laude.

“¿Desde cuándo dan diploma al ingresar a un programa? Ser admitido a un grado no es equivalente a ser admitido a un curso. No sólo me gradué, sino que, además, lo hice con honores, pero parece que el Ministerio no lo entendió”, dijo Santiago mientras mostraba su correspondencia con el Ministerio

El problema parecía fácil de resolver porque la traducción oficial, que Santiago también había subido a la plataforma, certificaba que la universidad le había otorgado el título de máster en derecho internacional, pero no se tuvo en cuenta.

Asombrado ante ese absurdo, Santiago respondió la comunicación el mismo 30 de enero aclarando las dudas y demostrando que sí se había graduado. La segunda respuesta del Ministerio llegó hasta el 26 de junio, cinco meses después, y decía lo mismo que la anterior. El Ministerio insistía en que Santiago había sido admitido, pero no se había graduado. Al parecer, el funcionario que llevaba su proceso no solo no había entendido el diploma, ni la traducción, sino que ni siquiera se había tomado el trabajo de leer la carta, de siete páginas, que Santiago envió aclarando todo.

Este caso refleja un problema de fondo que está afectando a muchos jóvenes colombianos a quienes la convalidación de sus títulos en el extranjero se les ha vuelto un calvario. La situación es tan grave, que Luis Alejandro Moya, graduado de maestría en derecho de la Universidad de Harvard en 2017 y quien tampoco ha logrado obtener la convalidación de su título, está liderando un grupo de egresados de distintas instituciones y programas del exterior que padecen el mismo problema. En la actualidad, el grupo está redactando varias demandas contra el Ministerio por violación al debido proceso, al derecho de petición, al derecho a la igualdad y al derecho al trabajo.

Para Moya, el proceso de convalidación de títulos es “excesivo e innecesariamente dispendioso”. “El diseño actual de la política parece estar dirigido a obstruir la convalidación, más que a facilitarla”. El ejemplo paradigmático de este problema es el certificado de estudios que exige el contenido de las asignaturas cursadas, la metodología de las mismas, el resultado de aprendizaje, el perfil del egresado, entre otros. “Muy pocas universidades expiden un certificado así y esto ha frenado o imposibilitado del todo algunos procesos de convalidación”.

Ante este reclamo, el Ministerio de Educación dijo que en octubre de 2017 se había actualizado la normatividad de la convalidación de títulos del exterior con el fin de hacer el proceso más rápido, eficiente e idóneo, pero que igual cada ciudadano debía acreditar el cumplimiento de los requisitos mínimos exigidos en la resolución, incluidos estos documentos.

Otra de las dificultades identificadas por el grupo son los problemas técnicos. “La plataforma virtual utilizada para cargar los documentos está pobremente diseñada, no es amigable al usuario y no funciona correcta y permanentemente”, aseguraron los egresados. Frente a esa queja, el Ministerio respondió que próximamente se pondrán en práctica una serie de mejoras a la interfaz para hacerla más amigable, intuitiva e ilustrativa para el ciudadano. “Esta nueva interfaz permitirá a los ciudadanos realizar consultas del estado de su trámite, así como de la documentación adjuntada a sus procesos, descarga de constancias de radicación una vez efectuado el pago, fácil visualización de los requerimientos y solicitudes”, respondió un representante de la entidad.

El retraso masivo y desproporcionado de los procesos y los altos costos, casi un salario mínimo, también han inquietado a los jóvenes. “Llevo esperando siete meses el mencionado concepto de viabilidad y nada que me responden”, dijo Moya. Y añadió: “Me tomará más tiempo convalidar mi título que cursar el programa académico a través del cual lo obtuve. Es un sinsentido”. Según el Ministerio, estas demoras son ocasionales, porque los tiempos establecidos son de dos meses para las instituciones con acreditación y de cuatro para las que no tienen. Frente a la tarifa, el Ministerio dice que es el resultante de sumar variables como: materiales, suministros, insumos tecnológicos y recursos humanos utilizados, anualmente, en cada uno de los procesos y procedimientos. •El cobro permite la recuperación de los costos que le representan al Ministerio de Educación Nacional por adelantar el examen de legalidad y académico”.

La educación se ha convertido en un tema de agenda y detectar las falencias de los sistemas educativos en los diferentes países es una prioridad para el progreso y desarrollo de las naciones. Sin embargo, a pesar de los múltiples esfuerzos, todavía queda mucho camino por recorrer; y eso es lo que está sucediendo en el mundo, América Latina y sobre todo en Colombia.

De acuerdo con los datos actualizados del Instituto de Estadística de la Unesco, un total de 617 millones de niños y adolescentes en todo el mundo carecen de un nivel mínimo en lectura y matemáticas. Según el organismo internacional, más de 387 millones de niños con edad para estar en primaria (un 56  por ciento) y 230 millones de adolescentes con edad para cursar el primer ciclo de secundaria (un 61  por ciento) no alcanzan ese nivel mínimo.

Se trata de una “crisis de aprendizaje” que podría amenazar con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se han trazado las Naciones Unidas para 2030.

Uno de los elementos que sorprenden más a la Unesco es que de los 387 millones de los niños con edad de cursar primaria en el mundo y que no saben leer, 262 millones van a la escuela.

Según el diagnóstico de la organización, estas estadísticas ponen en evidencia tres tipos de carencias. La primera se refiere a la de los niños que no están escolarizados, con pocas posibilidades de conseguir los conocimientos útiles en lectura y matemáticas. Las otras dos tienen que ver con la incapacidad para mantener escolarizados a los niños, así como la calidad de la enseñanza.

En cuanto a la región de América Latina y el Caribe, aunque todavía se presenten varias falencias, los sistemas educativos han podido cubrir las necesidades de la población y los resultados se están viendo. “Colombia participó en las pruebas Pisa en el año 2012 y sacó 376 puntos, luego en 2015, obtuvo un resultado de 416”, contó Atilio Pizarro, jefe de Planificación de la Unesco durante la XV asamblea anual de la Fundación Empresarios por la Educación.

De acuerdo con otras cifras presentadas por el experto, para 2030, América Latina tendrá un 96,6 por ciento de cobertura en educación primaria; y para 2042, se proyecta que la cobertura sea universal en este nivel. En cuanto a educación media, para 2030, se espera que la región tenga un 90 por ciento de cobertura y en 2066 sea total. Por último, en educación media superior, la cobertura será de un 72,7 por ciento en 2030 y se proyecta que la cobertura será universal para 2095 en la región.

En cuanto al tema de docentes, en la región de América Latina y el Caribe, solo el 85 por ciento de los maestros de primaria tienen formación. El análisis de encuestas de población activa de 13 países de la región mostró resultados muy similares a los países de la Ocde.

Al mismo tiempo, un tema preocupante para la región es el de los maestros, su formación y salarios. Según contó Pizarro, los profesores de América Latina ganan menos que otros profesionales. “Los docentes de preprimaria y primaria ganaban el 76 por ciento de lo que logran otros profesionales o técnicos, mientras que los profesores de secundaria ganaban el 88 por ciento”, dijo.

Por último, un tema que tocó el representante de la Unesco fue el de Desarrollo Sostenible y la Ciudadanía Mundial. “En cuanto a la educación en derechos humanos, en muchos países, no más de dos tercios de la población está familiarizada con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El 68 por ciento de los estudiantes en la región apenas tienen conocimientos sobre este tema”, dijo.

Pero, ¿cómo mejorar?
A pesar de las falencias, hay que reconocer el avance de la región y de Colombia también en materia de educación. No obstante, la Unesco ha hecho una serie de recomendaciones para alcanzar las metas para 2030 en materia educativa.

Aún cuando América Latina presentó un importante avance en educación en los últimos 15 años, la calidad es un desafío pendiente en la región, donde quedan todavía brechas que afectan particularmente a la población más vulnerable. “La educación debe ser de calidad, formando estudiantes con habilidades que permitan enfrentar los desafíos del mundo de hoy, sin que nadie sea excluido. Más de la mitad de los estudiantes se concentran en los niveles más bajos de desempeño”, contó Pizarro.

Por otro lado, los expertos recomiendan un enfoque de aprendizaje que se dé a lo largo de la vida, y para ello se requieren políticas públicas más ambiciosas, integrales, de largo aliento y que articulen múltiples oportunidades educativas, tanto formales como no formales.

“Se necesita repensar los sistemas educativos tradicionales. Los gobiernos deben ofrecer a los jóvenes y adultos, oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida. Los jóvenes demandan una pedagogía activa, conectada con la vida y sus intereses”, explicó el jefe de Planificación de la Unesco.

Además, la Unesco recomienda que las políticas sobre docentes tienen que ser integrales y sistemáticas; pues la región debe avanzar en la certificación de sus profesores en los niveles de primaria y secundaria.

Por último, para poder impulsar la educación técnica, es clave impulsar la conexión de los distintos actores del sistema. De acuerdo con el organismo internacional, se necesita complementariedad, pertinencia y actualización de la formación que ofrecen las instituciones educativas. “El verdadero desafío de los sistemas de educación terciaria de la región es que se asegure la equidad de su expansión, transformándose en palancas de promoción y movilidad social”, concluyó el experto.