El miedo a la muerte y el terror del encierro

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El miedo a la muerte y el terror del encierro

“El respeto a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad”.

Juan Pablo II

 

Salomón Rodríguez Piñeros

Comité de Comunicaciones

COOTRADECUN

El pasado 30 de agosto se hizo un llamado al mundo entero en contra de la desaparición forzada de las personas. En el marco del conflicto político-armado en Colombia, el término desaparición forzada no es ajeno para el común de la población. Los desaparecidos en nuestro país no forman parte simplemente de la cifra estadística. Más allá de eso, es un drama humano que termina en ocasiones matando en vida las esperanzas y los sueños de las familias víctimas, que, bajo la incertidumbre de la ausencia de su ser querido, viven con permanente dolor, zozobra y sufrimiento.

La búsqueda de personas, desaparecidas, termina siendo un reto humanitario, una lucha contra la violación sistemática de la dignidad humana. Si bien, el Plan Nacional de búsqueda de personas desaparecidas en Colombia se ha convertido en ley, aún falta mucho camino por recorrer, reclamar y levantar la voz por quienes en el encierro de un sótano o un lugar oscuro terminan siendo torturados y sobreviviendo con miedo a la muerte o a la misma tortura. Cada minuto, cada hora que pasa, cada amanecer se termina convirtiendo en horror indescriptible en medio de la vida.

En el caso del estallido social reactivado este año en Colombia, según la fiscalía general de la nación se registran alrededor de 129 personas desaparecidas. Un dato que en cualquier país del mundo se constituiría en una tragedia y que pondría a temblar las bases del estado social de derecho; hoy a través de las páginas de “EL SOLIDARIO” hacemos memoria de una historia que no queremos repetir.  Para todas las familias que sufren este horror de la desaparición; hijos, madres, esposas, nuestra voz de solidaridad, fraternidad y esperanza por siempre.

Es tal el temor y la lucha de los familiares, que buscan a sus desaparecidos, que en determinado momento se pide encontrar a su ser querido sea vivo, o quizás, muerto.  Según datos de Amnistía Internacional, en el ranking de los 10 países en el mundo con mayores índices de desaparecidos Colombia, nos ubica en el deshonroso puesto siete.  En esta tragedia que genera la desaparición forzada, el duelo y el dolor conducen a buscar también la verdad. Al fin y al cabo, en casos catastróficos, los muertos merecen ser enterrados, destino que a muchos se les ha negado en medio de este drama.

La desaparición forzada termina siendo un flagelo que afecta la dignidad y el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo entero. Sin embargo, en el caso colombiano es una verdadera tragedia, lejos de ver a nuestro país desde un contexto civilizado o por lo menos respetuoso del valor de la vida y la “libertad” que toda persona debe tener.

Por tanto, es necesario que la sociedad civil colombiana, y por qué no mundial, levanten su voz en busca de la verdad sobre el paradero de esas personas que han sido desaparecidas sistemáticamente, recordemos que la desaparición forzada viniere de donde viniere es un delito de lesa humanidad y debe ser erradicada como herramienta práctica por los actores del conflicto. En este análisis concluimos con una frase que retoma parte de nuestro clamor: “Por nuestros desaparecidos toda una vida de lucha”.

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