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La profe rebelde…

Por: José Israel González Blanco 

Docente orientador 

Colegio Nuevo Horizonte Localidad 1 Usaquén

La rebeldía es un valor al que la sociedad del consumo le ha puesto muchos epítetos para hacerla ver como antípoda de la convivencia. Se es rebelde cuando se difiere, debate o controvierte lo instituido. La crisis sanitaria, por la que atraviesa la humanidad, es un grito de rebeldía de la naturaleza a nuestros oídos, por los abusos que hemos cometido en su contra a nombre del desarrollo, invadiendo y expropiando lo que no nos pertenece:  territorios, vegetales, agua, aire, animales y minerales, lo que empuja a inferir que la rebeldía, sin eufemismos, es una expresión legítima.

Muy legítima contra la irracionalidad de la economía contemporánea, que ha destruido el bien común y el equilibrio ecológico, que ha hecho de sí misma una falsa religión cuyo dios es el Mercado y cuya fe está en el consumismo, tratando los bienes de acuerdo con el valor de cambio y no como ellas son intrínsecamente, forjando a su manera un planeta insostenible y fatal.

La Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud relata que la locución Rebelde fue aprendida de una conversación entre humanos por una tortuga; luego, en un providencial encuentro de la tortuga con el caracol, apropiaron la adjetivación. El caracol, desertó del País del Diente de León en la pesquisa de un apellido, que lo sacará del anonimato y de la generalidad de ser solamente caracol. Otro motivo de su disentimiento fue hallar respuestas afines al por qué los caracoles son lentos y silenciosos. Dejar el acanto, como zona de confort y hacerse una pregunta, que a ningún otro molusco le interesaba, instituyen la rebeldía del gasterópodo.

Con la anuencia de la tortuga y del caracol la profe Rebelde apropia esa reveladora designación. Habrá quienes se preguntan ¿y qué gana con eso?, económicamente nada, la ganancia es política, cultural y social. El espejismo de la aceleración, cuyos estudios inician con Galileo, deben dar paso a un modo de producción y de consumo lentos. Ese cuento de que “no tengo tiempo”, porque el tiempo se volvió bien de consumo y explotación, es reciclable. El dios del Mercado y del consumo han sido “ese negro manto…esa densa humareda toxica e impenetrable como las piedras, que alejó a los caracoles junto con los demás animales” (Sepúlveda, 2018, p. 64) del País del Diente de León.

Un país, que deja al descubierto la crisis, no solamente sanitaria sino civilizatoria, nos emplaza a ser rebeldes como Antígona, a construir una nueva educación sobre la base de las estelas que hemos dejado a la vera del camino, un país democrático, con justicia social, “al alcance de las niñas y niños” (García Márquez, 1995).

A diferencia del caracol Rebelde nuestra pregunta es ¿por qué vamos tan rápido y para dónde? Quizá, como en El País del Diente de León, a muy pocos docentes y estudiantes les motive estas preguntas, porque las respuestas demandan movilizarse de la zona de confort y dejar de lado algunos privilegios, como le ocurrió al caracol Rebelde y a sus acompañantes. ¡Ser rebelde paga!

No hay duda de que sentimos miedo porque tendremos que tramitar muchos conflictos, porque habrá quienes, como le ocurrió al caracol, nos critiquen, condenen y después juzguen, pero “el verdadero Rebelde” y la verdadera Rebelde sentimos miedo, pero lo superamos, no nos dejamos paralizar ni excluir como nos lo enseña el Pavo Real en el reino de los pingüinos. Mientras el caracol era transportado por Memoria, sobre su cuello, le preguntó que para dónde iba. La tortuga le manifestó que esa no era la pregunta más adecuada, que en realidad debía preguntarle de dónde venía, haciéndole entender que transitaban por el mismo camino desde antes de conocerse.

Pero hay quienes se inclinan por saber ¿Dónde estamos? antes de preguntarse ¿a dónde ir? Podríamos zanjar las dudas anteriores acordando que nuestra pregunta es por el pasado presente y en esa lógica afirmar que la rebeldía, esa abstracción que escuchó Memoria y que se la endosó al caracol que descubrió la importancia de la lentitud, la llevamos adentro como los caracoles llevaban adentro El País del Diente de León. Así como la estela de babas era la huella del dolor, también lo es de la esperanza y la conciencia. La estela de babas forjó el crecimiento de plantas, flores y hierbas, que no eran tan sabrosas pero muy nutritivas, algo muy análogo a la historia del campesino que transportaba agua en vasijas abiertas averiadas, posibilitando con las filtraciones, emerger cosechas que alivian la sobrevivencia hogareña y comunitaria.

La Rebeldía a la que convoco chicos, chicas y profes la llevamos en el niño y en la niña que tenemos dentro, llena de briosas historias, por eso la invitación es a reconocer esos actos de rebeldía e inocularles oxígeno en momentos en los que la vida sigue estando estropeada. Para mi es claro que cualquier intento por modificar las cosas será visto como una molestia provocada por una ilusa, romántica, seguramente acreedora de sentencia. Somos rebeldes de cuna. El primer acto de rebeldía que mi madre me relató fue concomitante con la lactancia, época en la que tomábamos leche materna, mínimo hasta los dos años. El nefasto biberón, maquinado por el capitalismo para sustraerle la madre a los infantes, no existía y eso salvó a muchas generaciones de problemas gastrointestinales, bucales, nutricionales y psicológicos.

Mi madre reía contando que, para destetarme, puso una hierba de amargoso en los pezones, de tal manera que cuando yo accediera al ritual del amamantamiento me untara los labios y así no succionara. Desde ese entonces, pese a que mi mamá durante prófugos ratos me rogó y pese a que me gustaba el preciado líquido, no volví a tocar sus delicados e imperecederos senos. Ese fue un acto de resistencia inconsciente al igual que el negarme a entregarle a los empadronadores del DANE la información, sobre el censo en 1973, apoyando el paro del magisterio, siendo estudiante de bachillerato, recordando que los lugares más oscuros del infierno estaban destinados a todos aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral. Estos actos y otros que quedan por contar marcaron el itinerario de una profe rebelde.

 

Referentes Bibliográficos

García Márquez, G. (1995). Manual para ser niño. (Ministerio de Educación Nacional, Ed.). Bogotá Colombia.

Huizinga, J. (1972). Homo ludens. (Emecé Editores S.A., Ed.). Buenos Aires, Argentina.

Sepúlveda, L. (2018). Historia de un caracol que descubrió la importancia de la lentitud. (Planeta colombiana S.A, Ed.). Bogotá Colombia.

 

 

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