Las voces en las calles no son casualidad, mucho menos manipulación

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Las voces en las calles no son casualidad, mucho menos manipulación

Salomón Rodríguez Piñeros
Coordinador Comité de Comunicaciones

“Ser libre no es meramente soltarse las cadenas, sino vivir de
una manera en la que se respete y se amplíe la libertad de los otros”

Nelson Mandela, expresidente de Sudáfrica

Cuando se aduce que las multitudes son a causa de la polarización que hizo la izquierda política del país, cuando los medios camuflan la protesta bajo el estigma absoluto del vandalismo, cuando se le pide a los alcaldes de este país den un informé de la seguridad de sus comunidades en un lapso de tres meses (cuando la violencia está presente). Con las anteriores consideraciones se está subestimando la percepción del pueblo colombiano, si bien, nos falta criticidad y más lectura de la realidad. Lo cierto es, que el pueblo ya se cansó y se rebosó la copa que por tantos años generó el sometimiento, el autoritarismo y la corrupción en manos de las fuerzas de las castas políticas.

El mundo entero y la comunidad de la prensa internacional, rechaza de manera vehemente las masacres de los jóvenes en Colombia. Nuestros medios de comunicación por su parte, están más preocupados por la copa América, por el último lanzamiento musical de Shakira; que por el estallido social en las calles o en las plazas de este país, de los millones de hogares donde el hambre toca la puerta todos los días.

¿Cuántos muertos más?… lo que en cualquier país de mediana civilización ya habría generado un acelerado diálogo, aquí eso no ocurre. El populismo ha terminado evidenciando discursos arrogantes, alejados del contexto y de toda compasión por la vida, aquella que se nos está yendo todos los días y pareciera no importar nada.

Vivimos momentos difíciles, para nadie es un secreto; la salud, la economía y la educación entran en crisis. Sin embargo, para el común del colombiano no es extraño que el caos ya venía desde décadas anteriores, resultado de una desconexión absoluta de los entes del gobierno con el pueblo y sus comunidades inmediatas; con los jóvenes, los maestros, la clase obrera y el campesino colombiano. Al fin y al cabo, las marchas de los maestros siempre han sido pacíficas, aun así, nunca fuimos escuchados como debería ser.

Hoy, cuando las acciones de hecho ponen entre la espada y la pared a la debilitada gobernabilidad que tenemos, vemos a los líderes de la política nacional arrinconados, quizás bajo la lupa de la sospecha, donde se está esperando que el tiempo pase, para que la resistencia se canse y nos olvidemos de tanto alboroto. Lo que no vislumbran, es que más allá del tiempo y la espera que genera la lentitud de diálogos y acuerdos, se están recargando las fuerzas para que la voz de los colombianos y los jóvenes no se silencie, para que la denuncia por la violación de derechos humanos no quede en la impunidad rampante, aquella que ha caracterizado la justicia de este país subdesarrollado, electorero y sin memoria.

El caos de traslado a las ciudades, el costo de vida se eleva como espuma y la inseguridad es parte del pan nuestro de cada día. Los papeles cambiaron, lo que fue por décadas la guerra en los campos colombianos, hoy se acrecienta en todo el territorio. Lo único que sigue igual, es que nos seguimos matando entre nosotros mismos, mientras la clase política se pensiona, se van para la gerencia del BID o para la cancillería donde se debe llenar con una cuota…

Hace unos años ganó el “No” en la consulta para la paz y como si fuera poco, elegimos a un senador anónimo en su momento “Duque”, que precio tan alto estamos pagando, cuando la vida de muchos colombianos se esfuma en medio de la inoperancia y desigualdad que patrocina el mismo gobierno de turno, que bajo la mirada de un modelo económico ha terminado desangrando a un país entero.

En medio de este panorama, los jóvenes nos llenan de esperanza. Su aguerrida lucha por exigir el cambio, termina siendo una luz en el camino. Los maestros, los campesinos, los taxistas, el sector de la salud ya no están solos; cientos de jóvenes en las marchas y las calles, alzan su voz porque en este país está pasando algo…Tanta gente en la calle no es una casualidad, tanto descontento no puede ser manipulación, simplemente es el despertar en medio de tantos años de silencio.

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