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¿Mamá y maestra? Una misión casi imposible

Autora: Lic. Liz Nayive Rodríguez

IED Nuestra Señora de la Gracia – Bojacá-

Los seres humanos a través de la historia vivimos planeando el futuro tal vez dejando de lado en muchas ocasiones situaciones que son ajenas a nuestra voluntad; con el pasar de los días se piensa, se sueña, se proyecta y se planea, pero un día como el 6 de marzo de 2020, donde se confirma el primer contagio en nuestro país, con sorpresa y a través de los diferentes medios de comunicación se informa que debemos cambiar de manera abrupta nuestra cotidianidad, debido a la emergencia sanitaria por el COVID-19, eso sucede 10 días después de ésta confirmación, sin prepararnos para dicha situación y de manera inmediata la vida como madre y maestra nos volcó a una realidad compleja.

Pues se debía pensar en el cuidado personal y del núcleo familiar, sin dejar de lado el desempeño de funciones laborales, en lo que se llamaría teletrabajo; un concepto relativamente nuevo para quienes desde siempre hemos desempeñado nuestra labor de manera presencial, pero que las condiciones hicieron que surgiera éste nuevo espacio en donde el trabajo se traslada al interior del hogar, donde la mesa del comedor se convirtió en un escritorio de docente y nuestra casa en el aula de clase, que un computador, un teléfono móvil o una tablet serían el primer y único canal de comunicación con los estudiantes y nuestros hijos esperaban con paciencia  ser atendidos de manera alterna mientras como maestra atendía padres de familia, llamadas telefónicas, mensajes de chat, revisión de actividades, cumplimiento de horarios, participación en reuniones de docentes, planeación de las clases.

 Además a lo anterior no siendo suficiente se debía batallar día a día con las fallas técnicas y de conectividad, sin dejar de lado que las responsabilidades del hogar y crianza de mis niñas continuaba ahí, de manera latente, constante y acelerada, pues el rol de madre nunca fue descuidado, el cambio de  pañales, la preparación de alimentos, la organización de la casa, el acompañamiento en la realización de las tareas, la explicación de contenidos a una pequeña de 7 años que todo el tiempo pedía a gritos colaboración para acomodarse a una nueva realidad que para ella también fue difícil, no daban espera, pues podrán imaginar el estrés que se manejaba?.

El colegio y la casa llegaron al punto de convertirse en uno sólo, sin llegar a mentir, en algún momento, las responsabilidades laborales pasaron a ser la prioridad, dejando de lado un poco el hogar, y esto conlleva a tener que terminar el día pasada la media noche, pues debía completar las actividades hogareñas aplazadas, y a pesar de iniciar los días desde muy temprano estos parecían cortos para todas las funciones y responsabilidades que debía cumplir como Madre y Maestra, como educadora de unos niños, niñas y jóvenes que esperaban que su docente estuviera ahí para ellos, entregando explicación, aclarando inquietudes, pero ante todo escuchando las necesidades que cada día surgían de los diferentes inconvenientes que nacían por la falta de recursos para poder atender los encuentros académicos.

Esto sucedía de manera constante con mis estudiantes, pero así mismo en el interior de mi hogar sufría a veces por la lentitud de los medios tecnológicos, por la falta de tiempo, por el cansancio corporal, pero ante todo por no poder dar más desde esa forma de comunicación limitada para ayudar a solucionar las dificultades de mis estudiantes, y obvio, sin dejar de lado a mis pequeñas hijas de 2 y 7 años, cada una de ellas con sus necesidades acordes a su edad. Con lo anterior se resalta que para nadie es un secreto que esta situación de emergencia sanitaria y nuestro doble papel en la sociedad del ser Madre y Maestra en casa es un completo reto, es un compromiso, pero ante todo es una fortuna, porque al lado del desempeño de las funciones laborales se fortaleció la capacidad de compromiso, responsabilidad y entrega que podemos tener frente a nuestra propia existencia y el cumplimiento arduo de papeles que como mujeres podemos lograr con éxito.

Así mismo se puede rescatar de esta situación de pandemia y emergencia sanitaria la enseñanza que nos deja a todos y a cada uno de nosotros, empezando por la experimentación de la inmensa cantidad de cursos virtuales y tutoriales para la implementación de herramientas digitales con el fin de entregar una enseñanza oportuna frente a una comunidad educativa que jamás fue abandonada, aunque nos encontramos de frente con una realidad precaria debido a la ausencia de conectividad  que en algunos momentos hasta en nuestro trabajo fue insuficiente al no poder implementarlas debido a conocer de cerca las falencias con las que viven la mayoría de los estudiantes; al mismo tiempo el cansancio se convirtió en fortaleza, el día en esperanza, la paciencia en una virtud, las palabras en compañía, la vida en la prioridad de cuidado, el esfuerzo en éxito, pero ante todo el pensar que todo es posible, siempre teniendo presente que las circunstancias pueden cambiar y que debemos estar siempre prestos a atender y superar cualquier dificultad sin olvidar que somos tan humanos y frágiles como la misma vida.

Si hemos llegado hasta aquí podemos decir que ya es suficiente, pero espera, aún falta más, ahora nos enfrentamos a nueva etapa de ésta pandemia, la  “apresurada presencialidad”, que el gobierno nacional quiere implantar en las instituciones educativas del país ignorando por completo las condiciones de precariedad tanto de las familias de nuestros educandos como de la infraestructura en ruinas que algunos colegios sufren como consecuencia del abandono administrativo del gobierno, es por ello que como Madre y Maestra continuó con el cuidado y preparación que permita una enseñanza tanto a los jóvenes que se me han encargado como a mis hijas que esperan algún día regresar a esa normalidad que todos extrañamos.

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