Perspectivas de un estallido social en Colombia

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Perspectivas de un estallido social en Colombia

Comité de Comunicaciones

COOTRADECUN

La pobreza es el padre de la revolución y el crimen. (Aristóteles)

Muchos años de aguante, de atropellos en los derechos, de haber vivido en un país que pareciera se resquebraja en medio de la inoperancia de los gobiernos de ultraderecha, ese es el país del colombiano de a pie, aquel donde se esfuman las oportunidades, los impuestos agobian todo el tiempo, ni se diga de los jóvenes, cuya estadística repunta en el desempleo más alto y donde la educación universitaria termina siendo un lujo. Las anteriores miradas de ese país del sagrado corazón, no son más que el reflejo de una coyuntura que hoy nos sacude a todos.

La fuerte lucha en las calles, no es más que la manifestación de las grandes diferencias sociales, las ciudades agobiadas por el desempleo y la inseguridad. También es importante reconocer que hay otros territorios de gran afectación; las comunidades rurales se han abandonado en Colombia por parte de  los gobiernos de turno de las últimas décadas. El fenómeno paramilitar en muchas regiones  olvidadas del país, ha rodeado a este sector productivo. La zozobra ha generado que los campos se abandonen, que el miedo genere las grandes oleadas de desplazados que llegan a los terminales  de transporte y los  barrios marginales de las capitales.

Se puede decir que en medio de esta coyuntura, los jóvenes han despertado, ellos son un nuevo linaje que por muchos años han pagado los platos rotos de la política y  las malas  decisiones de los gobiernos de turno, no ha habido ojos para  este futuro generacional. Se puede decir que los jóvenes ahora están llevando las banderas de sus padres, se convierten en el hervidero  social que está dispuesto al cambio, reflejan así  la lucha de sus progenitores y maestros, que por muchos años de manera pacífica lo hicieron, pero aún…  así no fueron escuchados.

Hasta este momento, el juvenicidio en Colombia llega a 37 asesinatos, éstos  no se encontraron armados, sin embargo en el estigma del vandalismo se apodera el papel autoritario de las fuerzas militares, las armas eran la  piedra, la voz  su resistencia, que no aguantaron  la fuerza del fusil y hoy su familia y el país los recordarán como héroes que murieron buscando un mejor país para todos.

Un gobierno desconectado de la realidad de las masas, no es más que el reflejo de una política tecnócrata,  incluso al interior de sus mismos líderes, pareciera que adolecen de una comunicación que debería conectarse con los problemas reales e históricos del país, de todos aquellos contextos de ciudad (desempleo, indigencia, el hambre, la inseguridad rampante,  trabajo informal, delincuencia entre muchas más), de ruralidad (el abandono del campo, la crisis generada por el paramilitarismo, las desapariciones, asesinato de líderes  y la falta de carreteras entre muchas más).

De otro lado, los falsos positivos fueron la carne de cañón para muchos jóvenes en periodos anteriores, cuyas masacres aún reclaman justicia. En la actualidad, podemos decir que esta generación lleva a sus cuestas la amenaza de su propio futuro y las masacres que están  escritas en esa historia que no se quiere volver a repetir.

Los maestros, los indígenas, el sector salud,  los taxistas, el ciudadano del común, los estudiantes,  siempre se han caracterizado por su expresión justa y pacífica, pero la burla y la falta de escucha de diálogos fallidos en años anteriores y más específicamente este gobierno, han generado desconfianza y pérdida de credibilidad institucional a todo nivel, donde se gobierna de manera soterrada y aprovechada ante la fragilidad de una pandemia, se dictan leyes que van en contra del pueblo… que creen ignorante, pero que en realidad ha despertado en una movilización civil y sigue luchando en contra de un camuflaje fascista, se evidencia en prácticas del terror y del financiamiento de la guerra, todo ello ratifica que se tiene un gobierno que  maneja desde la mirada mezquina del  uribismo.

El pueblo colombiano pide a gritos una negociación que permita acabar esta masacre anunciada, esa violencia que la sociedad  repudia y rechaza,  al fin y al cabo, detrás de la guerra no está el pueblo, sino el mismo gobierno opresor y antidemocrático que de manera indirecta, es la causa de la  incubación de tantos males, de los que se ha venido hablando en este artículo.

Las finanzas públicas y el déficit fiscal se quisieron camuflar  en  la reforma tributaria,  (el florero de Llorente), este desacierto en la política económica se evidencia en:  el descuido del sector salud, de medio ambiente (fracking), la reforma  pensional, la inseguridad, muerte sistemática de líderes sociales, compra de armamento militar entre otras, motivo que llevó este  gobierno a desencadenar la furia del pueblo colombiano y que muy seguramente se refleja  en la desesperanza que se legitima en una gobernanza a la que no se le cree, porque se le salió de las manos el país entero.

La intervención del gobierno en plena ola de violencia se convierte en una estrategia de la barbarie (dejar hacer y dejar pasar), para que la misma población civil termine peleando entre sí. El silenciamiento del gobierno, la arrogancia del mismo presidente, unos diálogos a paso de tortuga, están generando el caos y el odio entre nosotros mismos, una manera de ratificar la estrategia de guerra que durante tanto tiempo ha nublado el cielo colombiano.

No podemos patrocinar y ser protagonistas de la guerra, al contrario, las clases populares, la organización sindicales y en general todas las voces de resistencia son la esperanza, porque somos la fuerza productiva e intelectual de esta patria. De esta manera, los movimientos que trabajan por la paz, los maestros, las comunidades religiosas, las madres, los comunales, los campesinos, los grupos juveniles, son la fuerza a esta salida que desde los acuerdos  van a dar ejemplo de civilidad y democracia.

Llegarán unas nuevas elecciones, porque en las urnas es donde se define el futuro del país, el pueblo debe haber aprendido de esas páginas de la historia, que no se pueden volver a olvidar, mucho menos a repetir, las nuevas generaciones serán quienes juzguen con el paso del tiempo lo que  hicimos o  lo dejamos de hacer…

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